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Tentativas de orientación emocional en mitad del ruido contemporáneo: Destello, señal, hilo y alba, el nuevo EP de CRISTALINO, producido por Jaime Beltrán.

Notificaciones, estímulos, imágenes, consignas, conexión permanente y, sin embargo, cada vez resulta más difícil distinguir qué merece realmente nuestra atención, qué permanece y qué se desvanece apenas unos segundos después de aparecer frente a nosotros.Destello, señal, hilo y alba, el tercer EP de CRISTALINO, convierte esa desorientación en el motor de sus canciones. Entre intuiciones y pequeños desplazamientos de la experiencia diaria, el disco busca contacto y permanencia.

Hay algo especialmente valioso en cómo este nuevo trabajo amplía el lenguaje que CRISTALINO venía desarrollando desde sus primeros lanzamientos y lo proyecta hacia un lugar más definido. Sin abandonar la lógica del pop digital contemporáneo sobre la que ha construido su identidad, el EP desplaza el foco hacia texturas más físicas y abiertas: baterías y guitarras acústicas, respiración, resonancia. Especialmente en “HILO” y “ALBA” aparece una relación más amplia con el espacio y la materia.

La estructura simbólica del EP es sorprendentemente compacta. Los títulos no son decorativos. “DESTELLO”, “SEÑAL”, “HILO” y “ALBA” funcionan como distintas formas de orientación: la aparición repentina, la necesidad de interpretar, el vínculo entre unas cosas y otras, la posibilidad de empezar de nuevo.También la música avanza de ese modo, suspendida muchas veces entre la fragilidad y la precisión melódica. Los cambios de textura y la forma en que la voz de CRISTALINO aparece y se repliega construyen una sensación constante de búsqueda.

Las canciones permanecen dentro de aquello que todavía no termina de entenderse. Eso separa al EP del sentimentalismo urbano contemporáneo más estándar y lo acerca a una percepción aumentada de lo cotidiano.“SEÑAL”, una de las piezas centrales del trabajo, concentra especialmente bien esa tensión entre extrañamiento y cercanía.

El videoclip dirigido por Adrián Cecilio junto al propio CRISTALINO prolonga esa atmósfera.Entre electrónica, guitarras acústicas y melodías que parecen avanzar siempre unos centímetros por delante de sus propias certezas, CRISTALINO y Jaime Beltrán construyen un disco que evita tanto la nostalgia como el cinismo.

Un trabajo que no intenta explicarlo todo, sino permanecer despierto dentro de la confusión.